La Patagonia argentina escondía un enorme cocodrilo del Cretácico que competía con los carnívoros de su tiempo: así era el Kostensuchus atrox

Cocodrilo Del Cretacico
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Fernando G. Villalba

Editor

Hasta ahora, la ciencia desconocía a un enorme hipercarnívoro que competía junto con los más feroces dinosaurios en la cúspide de la cadena alimenticia hacia fines del Cretácico patagónico. El Kostensuchus atrox es pariente lejano de los cocodrilos y fue uno de los principales depredadores de su tiempo. El hallazgo fue divulgado recientemente desde un equipo de científicos del CONICET en Argentina.

Medía 3,5 metros de largo y pesaba 250 kilos, y su arma letal era una robusta mandíbula armada con más de 50 dientes, algunos de ellos de más de 5 centímetros de altura. Sus rasgos anatómicos recuerdan a un bulldog, porque su cabeza era desproporcionada respecto al resto de su cuerpo, y, sin embargo, era el punto que lo convertía en la máquina de cortar carne.

Kostensuchus Esqueleto de Kostensuchus. | Foto: José Brusco.

Un testigo de épocas muy muy lejanas

El Kostensuchus atrox habitó el sur argentino hace 70 millones de años, en rocas de la Formación Chorrillo, en la provincia de Santa Cruz, a 30 km al sur de la localidad de El Calafate. La identificación de sus restos –gran parte del esqueleto, con cráneo y mandíbulas– es testigo clave de cómo ha sido la evolución de la vida prehistórica en la Tierra.

Esta región patagónica ha resultado ser un yacimiento rico en restos fósiles, donde ya se han encontrado varios dinosaurios de dimensiones colosales, como el hallazgo del gran depredador Maip macrothorax, del enorme titanosaurio Nullotitan glaciaris; junto a insectos, ranas, peces, tortugas, serpientes, dientes de pequeños mamíferos, caracoles terrestres y acuáticos, y varias plantas.

70 millones de años atrás, no existían el Perito Moreno, ni la Cordillera de los Andes ni ningún otro glaciar. La zona tenía un clima cálido y húmedo, con cuerpos de agua y vegetación abundante. De hecho, Sudamérica estaba unida a África como parte del supercontinente de Gondwana.


Cómo se veía el Kostensuchus atrox

Sí, probablemente este enorme reptil parecía tan amenazante como parece. Los bordes de los dientes eran aserrados, lo que pronunciaba la capacidad de corte de la carne de sus víctimas. Las mandíbulas eran accionadas por músculos poderosos que le otorgaban una mordida rápida y extremadamente fuerte.

Investigadores Que Descubrieron Los Fosiles Marcelo Isasi y Fernando Novas, los descubridores del ejemplar | Foto: gentileza investigadores.

Su cuerpo era robusto y las patas, relativamente cortas, estaban ubicabas verticalmente bajo el cuerpo, lo que le permitía moverse con mayor agilidad que un caimán o un cocodrilo actuales, cuyas patas se orientan hacia afuera y son más propensos a reptar.

“Esta nueva especie se distingue de todas las especies conocidas previamente por características como el gran tamaño de sus dientes y cráneo, la robustez de su mandíbula y el gran tamaño de las cavidades donde se alojaban los músculos responsables de la mordida. Estas características son las que nos hacen interpretarlo como un predador tope del ecosistema”, señaló Diego Pol, investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN-CONICET), en un artículo del organismo.

Por otra parte, el paleontólogo Fernando Novas, también investigador del CONICET, en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara y primer autor del paper, comentó: “Es muy probable que Kostensuchus y Maip se debatieran por el alimento, de modo similar a los enfrentamientos que hoy ocurren en África entre hienas y leones”.

El hallazgo

El hallazgo de estos fósiles se produjeron el 10 de marzo de 2020, en momentos previos al inicio de la pandemia por el virus de COVID-19.

El grupo de trabajo estaba integrado por 25 argentinos, incluyendo paleontólogos, técnicos y becarios, y cinco investigadores del Museo Nacional de Tokyo, en Japón. El campamento se encontraba en lo alto de la montaña. Dos de los integrantes, Marcelo Isasi, técnico del CONICET en el MACN-CONICET, y Gabriel Lio, paleoartista, se toparon con huesos de un cráneo completo fosilizados.

En los días subsiguientes los investigadores se dedicaron a encastrar y pegar los bloques dispersos, recomponiendo así el rompecabezas de huesos. “Pudimos verificar que esta secuencia de bloques atesoraba en su interior el esqueleto casi completo de un animal desconocido para la ciencia”, comenta Novas.

La Patagonia La región patagónica donde fueron hallados los restos de hace 70 millones de años.

Luego, durante la pandemia del coronavirus, el técnico Isasi dedicó casi seis meses de intensa labor, pero como el museo estaba cerrado, debió trabajar con lo que tenía desde su casa: para dejar el hueso expuesto se valió de martillos neumáticos de alta precisión.

Una vez finalizada la pandemia, y una vez liberados los huesos de la roca, los investigadores comprobaron, con sorpresa, que se trataba de una nueva especie de cocodrilo de algo más de tres metros de largo y que su cráneo y mandíbulas estaban preservadas casi por completo.

La investigación fue financiada con subsidios de la organización National Geographic, la Fundación Carlos Chagas Filho de Apoyo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ) y el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CMPQ) de Brasil.

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